En medio de la selva, Palenque se desarrolló como una de las ciudades más notables del periodo clásico maya. Reconocido por su innovador estilo artístico y alta calidad de sus obras arquitectónicas y escultóricas, el sitio alcanzó su esplendor entre los años 600 y 900 de nuestra era.

Sobresale el magno conjunto conocido como El Palacio, cuyas edificaciones se distribuyen alrededor de cuatro patios y que fueron construidas durante un periodo muy largo de la historia palencana. Se dice que en parte fue erigido por órdenes de Pakal y continuado durante el gobierno de su hijo mayor; se cree posible que El Palacio haya servido como residencia principal de los gobernantes.

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La majestuosidad del Templo de las Inscripciones domina la gran plaza. Este edificio recibe su nombre a causa de los tableros glíficos tallados en caliza que se hallan en su interior. Se trata de un auténtico mausoleo mandado a levantar por Pakal para que le sirviera de tumba. Junto al templo de las Inscripciones se levanta una plataforma sobre la cual se erigieron los edificios XII y XIII; este último es llamado también el Templo de la Reina Roja, El Templo de la Cruz se asienta sobre un imponente basamento escalonado.

El Templo de la Cruz Foliada perdió también su fachada, pero conserva el santuario interior, donde se aprecia el tablero con el motivo de la cruz foliada representando a la planta de maíz como eje del mundo en el simbolismo de la naturaleza cultivada. Palenque es considerada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.